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MITOS Y LEYENDAS

Cerro Los Peroles

Es un lugar que fue poblado por algunos incas que llegaron por el río Utcubamba, eran renegados que habían sido expulsados por la máxima autoridad el inca. Antiguamente, este lugar fue pantanoso rodeado de agua. Hoy se han encontrado restos de vasijas, entre otras especies. Los pobladores antiguos se ubicaron en los lugares altos por mayor seguridad. En la actualidad, parte del cerro ha sido invadido por pobladores que no se identifican y no cuidan su patrimonio. Este cerro Los Peroles se ubica en la parte noroeste del pueblo de Bagua, a 35’ a pie; en mototaxi o movilidad, 15’. Se encuentra a 450 m.s.n.m.. Está constituido por un conjunto piramidal a base de piedra lavada de río. Estas estructuras datan científicamente del 2500 a.C., y pertenecen a la etnia de los antiguos bauas. En el lugar se encuentran diversas representaciones de huacos, cerámicos y tinajas de gran tamaño, y se ha encontrado una pared con símbolos de estilo Maya.

El Chuichaqui

Cuentan que muchos ciudadanos se desmayaban, morían botando sangre y espuma, y otros ciudadanos desaparecían, porque el duende se los llevaba y los convertía en duendes para seguir atemorizando a la población. Un poblador de nombre Rufino Suárez, cuando fue a bañarse a la quebrada después de cosechar su arrocito, se encontró con este singular ser, que le invitó a sentarse con él y le preguntó cómo estaba su familia, cómo se encontraba su tío y cómo estaba su yunta, cosa que lo llenó de interés al mencionado señor, que incluso le hizo una propuesta de negocios. Fue tan grande su sorpresa que al mirar a la izquierda no era una pierna humana sino una pierna de gallina, y en ese momento el señor Rufino desapareció. En su casa se reconstruyó todo lo que a Rufino le ocurrió, recomendando a los pobladores que no se fueran a bañarse a la quebrada, ni al río porque se les puede aparecer el duende y llevárselos con engaños, porque vieron a vecinos desaparecidos y nunca más los volvieron a encontrar.

El Dios Wampagkit

Después de haber recibido ordenes de su padre el dios Cóndor de atender a los aguarunas que estaban enfermos en la parte baja, Wampagkit se convirtió en un joven valeroso y tomó la decisión de mudarse por el río Cenepa, aguas abajo, hasta la parte donde éste se une con el río grande. Buscó un lugar donde pudiera hacer chacras buenas y una colina donde pudiera construir su casa; recibió ayuda de todos los animales para formar sus chacras y su casa. El mandato de su padre consistía en que tenía que regresar en un año, luego de atender e instruir a los aguarunas acerca de cómo protegerse del mal que les afligía. Si demoraba por otros motivos, él también tendría que recibir la enfermedad como castigo. La casa que edificó Wumpagkit era buena casa de forma ovalada, hecha de buenas hojas. Con su canoa recorría el río Marañón visitando las comunidades y ayudando a los enfermos. La enfermedad era una gripe especial, y la ayuda de él consistía en hacer infusiones con las hojas de los árboles que su padre le había indicado.

Faltando un mes para que se cumpliera el tiempo de permanencia, una mañana llegó a la comunidad de Tuyasún; al ver que todos lloraban porque en cama yacía muy enferma la hija del apu Bakuarn, Wampagkit se dispuso a atenderla durante varios días, pero pasaban éstos y la salud de ella no mejoraba. Entonces, miró a la cordillera para comunicarse con su padre, pero se acordó de que le había dicho él que pondría neblina a la cordillera cuando su hijo tuviera que trabajar solo. Se puso a pensar en qué medicina dar a la paciente y se le vino la idea de preguntar a las chicas de la comunidad si Inchisam había tenido novio. Le dijeron que sí, pero que el apu no lo había querido como yerno y por eso él se había ido al cerro casi loco. Wampagkit llegó a la conclusión de que Inchisam tenía mucha pena y eso no le permitía sanar, así que decidió ayudarla. Pidió al apu que los dejasen solos un momento y conversaron. Inchisam le confesó que quería ver a su novio en el cerro a donde él había huido y con sólo verlo se sentiría mejor. Así que tramaron un plan: en la noche, Inchisam escaparía por la ventana y Wampagkit la llevaría al cerro.

Cuando llegó la noche, Wampagkit llevó a Inchisam fuera de la comunidad y le dijo que no temiera porque iba a tomarla en sus brazos e iba a volar para llegar rápido al cerro porque no era un ser humano sino un dios. Asustada, Inchisam aceptó. Nunca había visto un dios. Rápido sobrevolaron la jungla. El solo hecho de ver el gran río Marañón como una serpiente de aguas que reflejaba su color a la luz de la luna y el pensamiento en que encontraría a su amado, le hacía sentirse más sana. Descendieron cerca de donde había luz. Pensaron que era la choza del novio, se acercaron y llamaron, pero no había respuesta. Se acercaron entonces a la ventana y ¡qué pena!: el joven nativo yacía agonizante en la cama; su mirada atravesaba la ventana y se dirigía a la cordillera como pidiendo ayuda. Inchisam le llamó por su nombre y el joven trató de voltearse en su cama. Entonces ingresaron por la ventana, lo levantaron y empezaron a atenderle. Wampagkit observaba con emoción cómo los dos jóvenes se abrazaban y lloraban con alegría por su encuentro. Mientras Inchisam le consolaba y daba fuerza al agonizante, Wampagkit salió a buscar algunas hierbas especiales. Pasaron la noche en esa choza atendiendo al enfermo, pero Inchisam debía volver a la comunidad antes de que su padre se enterase; de modo que, antes de que amaneciera, se despidieron del novio, prometiéndole que volverían y diciéndole que tomase la bebida preparada por Wampagkit. Ya otra vez en su cama, Inchisam pensaba cómo convencer a su padre para que aceptase a su novio.

Cuando amaneció, su padre se sorprendió al ver a su hija sana. Ordenó llamar a Wampagkit para darle la buena noticia; Wampagkit vino y le dijo al apu que ella seguiría sana siempre cuando el apu cumpliera el deseo más grande de la hija. El apu se dirigió a la chica y le dijo que le dijera cuál era el deseo, que él estaba dispuesto a aceptarlo si eso iba a permitir que no volviera a enfermarse. Ella le dijo entonces que le dejara ir al cerro porque quería traerlo a su novio para casarse. El apu pensó un poco y dijo que aceptaba porque había empeñado su palabra. De este modo, Wampagkit cumplió su misión hasta una nueva oportunidad. De allí que cada vez que hay neblina en la cordillera del Cóndor es porque el dios Wampagkit está trabajando en alguna comunidad.

El Grandioso cerro Brujo Pata

Los primigenios habitantes de la ciudad de Bagua contaban que en remotos tiempos habitaba el imponente Cerro Brujo Pata, una mujer iniciada en las artes ocultas, con bastante empeño crio a sus vástagos con finalidad que llegada su vejez estuvieran al tanto de ella. Cierto día les imploró que fueran a trabajar para que la mantuvieran, ya que estaba bastante anciana para seguir sustentándoce. Los hijos en vez de obedecer a la madre se dedicaron a la bellaquería, muy pronto los vecinos llegaron quejosos; la hechicera para escarmentarlos se cortó las piernas y con ella preparó una sopa que les dio de comer cuando los descarrilados llegaron, al momento de haber terminado el “banquete” recién les rebeló los ingredientes. Horrorizados los muchachos comprendieron su error, reflexionaron y entonces se hicieron honrados.

El Brujo Pata era considerado bueno por unos y malo por otros. Decían que era malo, porque hacía desaparecer el ganado(vacas, caballos, asnos) e incluso personas, y que era bueno por ser protector del bosque y animales, para lo cual se convertía en león, en culebra y en caballo grande. Cuando se producía caza de venados el león enfurecido daba fuertes rugidos desde lo alto del cerro para asustar a los cazadores.

El duende de Achaguay Alto

Una señora que vivía un poco retirado del caserío con sus hijos, tenía un bebé que estaba lactando. Esta criatura lloraba todas las noches cuando la señora, al momento de ir a dormir, apagaba se candil. Parecía que alguien entraba, su cama se movía, sentía que sus senos le jalaban; el bebé no podía dormir sin la luz. Así pasaban las noches. La señora no podía dejar solo al bebé cuando se quedaba dormida un momento y al levantarse encontraba al niño en el suelo. Una noche, la señora se quedó dormida con todos sus hijos. Cuando ya eran las seis de la mañana del siguiente día, al despertar se dio con la sorpresa de que el bebé no se encontraba a su lado: había desaparecido. Entonces comenzó a gritar, y salió corriendo con dirección al caserío diciendo “¡el duende se ha llevado a mi hijo!, ¡se lo ha llevado!” La gente no podía creer que el niño hubiera desaparecido. Pasaron ocho días cuando una tarde una señora pasaba por una quebrada (quebrada seca) cercana a San Ignacio, escuchó llorar a un niño. Ella pensó que alguna otra señora estaba buscando leña con su hijo; pero tanta fue su curiosidad que se acercó hasta donde pensaba que estaría la señora con su hijo, y supo que no era aquel niño que lloraba. Luego regresó hacia la quebrada escuchando más seguido el llanto, y alcanzó a ver a un bebé acostado debajo de unas espinas. Trató de llegar hasta el niño, llegó hasta él y lo alzó en sus brazos; el bebé se encontraba en buenas condiciones.

Cuando empezó a caminar, sintió que alguien la seguía; volvió la vista y no vio a nadie. Como la señora era religiosa, conforme iba caminando rezaba pidiéndole a Dios que la protegiera. Comenzó a escuchar una risa tal que por un momento pensó en dejar al niño, porque pensaba que era el diablo, hasta que llegó al caserío diciendo “señores: encontré a este bebé en la quebrada seca”. Luego un poblador dijo “¡es su hijo de la Goya!; ¡no puede ser: el duende lo ha llevado!” Llamaron a su madre para entregárselo, y luego lo llevaron a un curandero. En adelante, el niño creció como todos los niños del caserío. Este caso fue en 1965.

El monstruo negro

Se dice que en la localidad del Muyo, se da a entender que en la unión de la quebrada con el río, existe una forma de vida subterránea. Dicen que al lado del río existía una pequeña chacra en la cual se encontraba un agricultor; cerca de la chacra, en el río, había una inmensa roca. Este hombre se encontraba cultivando. Se dice que había percibido que las rocas se estremecían y tanta fue la curiosidad que pretendió aproximarse diligentemente y vio de entre las aguas salir un enorme ser muy velludo, y le ocasionó un gran temor ver salir a esta criatura y prensar su pie en la roca inmensa. El agricultor, al ver esto, partió apresuradamente a la comisaría a informar a los guardias. se encaminaron al lugar, el abominable vio que llegaban personas y designó por lanzarse al río a vista y paciencia de las personas y ya no más se vio al monstruo, y se dice por rumores que en ese lugar existe vida subterránea.